jueves, 2 de octubre de 2014

Antiguo Mercado Municipal

Este fue el primer Mercado Público que tuvo Angostura, hoy ciudad Bolívar. 

EL ANTIGUO MERCADO MUNICIPAL DE LA CIUDAD
La ciudad, desde la Colonia hasta los tiempos de Sánchez Lanz, vale decir, de Pérez Jiménez, contó con un pintoresco y típico mercado prácticamente a la orilla del río, justo en el punto donde Moreno de Mendoza  hizo construir el Fuerte San Gabriel

La primera referencia histórica que se tiene del Mercado Público de Ciudad Bolívar, aparece en “Anales de Guayana” de Bartolomé Tavera Acosta (Pág. 398). Dice que en 1823, Juan Bautista Dalla-Costa (comerciante veronés radicado en Angostura en 1814), siendo miembro de la Municipalidad se destacó como un notable administrador al que siguió más tarde su hijo homólogo Juan Bautista Dalla Costa Soublette.
 “En las veces que fue miembro de aquella Corporación, mientras que algunos de sus colegas se ocupan en asuntos baladíes, como los relacionados con la señas o monedas partidas en cuatro, funciones religiosas o discutir cuál puesto de preferencia vanidosa y mundana correspondía a los munícipes  en la Iglesia, el viejo Dalla Costa atendía preferentemente el empedrado de las calles, el aseo y ornato de la población, a la arquitectura civil,  al censo de la ciudad, a la fundación de escuelas, al alumbrado público, a dar franquicias al comercio, a fundar un Mercado Público, el mismo que es propiedad hoy del Municipio” (Esto lo escribió Tavera en 1913).
 Este Mercado Público es el mismo al cual se refiere en 1859 en su “Exploración Oficial” (Pág. 210), Francisco Michelena y Rojas: cuando escribe sobre la Alameda (actual Paseo Orinoco) donde los comerciantes hacían sus transacciones bajo las copas de los robustos árboles. Escribe de que hay “en ella un lugar muy interesante en todo país civilizado, el de abasto para la ciudad. Este edificio, el  cuarto de su género en toda la República, armoniza bien con el grado de civilización y progreso de esta ciudad. Entre la Alameda y el río, sobre un terreno rocalloso que se avanza a aquel en forma de cabo, y por supuesto, abordable por todas partes por las embarcaciones menores cargadas de provisiones, se encuentra situado el mercado formando un semicírculo, cuya base frente al Paseo esta adornada con una gran baranda o verja de hierro. A este mercado, pues, llegan víveres de toda naturaleza y en abundancia, no sólo de Cumaná y Barcelona, que están a la otra banda del río, sino del Meta viniendo de Casanare, del Apure y de aun de provincias muy distantes. Tal es la admirable hidrografía de Venezuela, por la cual aquella ciudad esta en contacto con casi todas sus provincias”.
Este Mercado Municipal estuvo funcionando hasta 1956 que el Gobernador doctor Eudoro Sánchez Lanz (1953-1958) resolvió demolerlo para sustituirlo por el Mercado Periférico No. 1, construido en el Paseo Moreno de Mendoza, zona del antiguo Banco Obrero, y el Mercado Periférico No. 2 construido más tarde, y el cual funcionaba los fines de semana como Mercado Libre en la Avenida 5 de julio.
Hasta la fecha de su demolición, se podía apreciar el frente del antiguo Mercado Principal contra la calle que bordeaba el Orinoco terminando esta calle  en el Puerto de Blohm donde había un  dispositivo tipo orquilla, para retomar la vía (Paseo Orinoco) paralela a los frontales de las edificaciones porticadas de estilo antillano.. En la curvatura de la orquilla estaba situada la Bomba de Gasolina Kosaco.  Por el lado oeste del Mercado estaba la calle de servicio  que circunvalaba al Mercado teniendo por el norte las instalaciones del acueducto y embarcadero o lugar donde atracaban curiaras y falcas cargadas con los productos de las islas del Orinoco.  En su continuación girando hacia el Sur colindaba con las instalaciones del Comedor Manuel Piar el cual era continuo hacia el Este por las Oficinas del Resguardo Marítimo-Fluvial. Frente al popular comedor había un frondoso Samán de acogedora sombra.  Y más al Sur la plazoleta donde funcionaba una línea de taxi que administraba el popular Paco.
En esos mismos predios estuvo la Plaza Monseñor Talavera y en el centro en columna bastante elevada, el busto del prócer Tomás de Heres, reubicado en los años cuarenta frente a la Casa San Isidro y finalmente frente al Fuerte Cayaurima.-
Los expendedores mayoristas de víveres de este antiguo Mercado eran: Alberto Francio, ayudado por su primo Narciso Franco, siempre jovial, bonachón y  José Padrón en local contiguo, siempre diligente y servicial.  Por los portales del Oeste: los detallistas de víveres: Jesús María Delgado, Luís Besón.  Los verduleros ubicados en el área central expendían los frutos campesinos: Pedro Atay con su portal repleto de racimos de cambures colgantes; la Señora Juanita “La Margariteña”.   En el lado derecho de la parte central, a pocos metros de la entrada estaba situada la famosa Refresquería de don Tomas Rivilla con sus recipientes de vidrio o botellones con varias bebidas refrescantes como guanábana, jugo de naranja, carato de maíz, carato de moriche, carato de mango, chicha y a su lado sin rivalizar con él, la refresquería de Cabo de Alambre.  En la profundidad del gran salón del mercado pegando contra la pared norte estaban situados los portales de carnicería cuyos expendedores eran José Manuel Hernández, José Espalia.
En ese mercado  convergía la ciudad alimentaria, la que iba de compra armada de costal y cesto, la que procuraba el fruto fresco recién llegado en falcas y curiaras, la que iba a saborear los manjares de la mesa criolla y a enterarse de lo humano y lo divino, de lo intrascendente hasta lo descomunal.
         Era un mercado profuso, heterogéneo y bullicioso, pero más aún por los días decembrinos después que la parranda de Pura Vargas soltaba el último y más profano de los aguinaldos.  Entonces, era la romería desde las gradas de la Catedral y la Plaza Bolívar bajando por la Constitución y la Igualdad al encuentro del café con leche, de la empanada caliente, del carato de moriche o la chicha acanelada del negro de las Lamus.
         Al mediodía el mercado no era tan congestionado, pero había un despacho donde la gente azarosa se apiñaba.  Se llamaba “El Trapecio”.  Trapecio el sitio y Trapecio la especialidad: un soberbio sancocho de pescado de lo más creativo y singular.  Un hervido donde se juntaba toda la sustancia proteica y cerebral de la ictiofauna orinoquense.
        


lunes, 29 de septiembre de 2014

El Teatro Bolívar


                                       
Como homenaje al primer centenario del natalicio del Libertador en 1883, se levantó en Ciudad Bolívar un Teatro con su nombre el cual estuvo activo durante cuatro decenios sirviendo de escenario a compañías de zarzuelas e importantes trouppe de otras ciudades del mundo.
            Pero las representaciones teatrales no comenzaron en la Provincia de Guayana con el Teatro Bolívar. Hay testimonios de que en días muy especiales se hacía lo que llamamos hoy  “teatro de calle”. El “Correo del Orinoco”, por ejemplo, da cuenta en su edición 110 que el décimo aniversario (1821) de la Declaración de la Independencia se celebró en Angostura con actos religiosos en la Catedral y por la noche cena bailable en la casa del Vicepresidente de Venezuela. Tres días luego el señor James. Hamilton dio en su casa un convite. Las fiestas se prolongaron al pueblo de Soledad “cuyo comandante político y militar, teniente coronel Francisco Javier Suárez de Añez, dispuso algunas diversiones por tres días consecutivos, con juegos de toros, máscaras y representaciones teatrales...”.
            Naturalmente que con el Teatro Bolívar comenzó en Guayana, específicamente  en Ciudad Bolívar, la actividad teatral en forma, al igual que ocurrió en Caracas con el Teatro Municipal  o Teatro Guzmán  Blanco, construido en 1876 sobre la demolición del Templo San Pablo.
            Después de siete años de haberse construido el Teatro de Caracas, se construyó el de Ciudad Bolívar, gracias a las contribuciones y esfuerzos mancomunados de la población. Esto sucedió en el último años del quinquenio de Guzmán Blanco y siendo Presidente del Estado, el General Ramón A. Mayol, bajo cuyo mandato se construyó también el acueducto de la capital bolivarense.
            El Teatro Bolívar comenzó a construirse muy lentamente por iniciativa del Presidente del Estado Soberano de Guayana, Juan Bautista Dalla Costa  hijo, quien el 6 de noviembre de 1869 convocó a la Casa de Gobierno a un grupo de personalidades de la ciudad que comprometió inicialmente en el proyecto.
            Ellos fueron Enrique Krohn, Cristiano Vicentini, Narciso Villanueva, Ernesto Hahm, Henrique Kraft, José Lezama, Ángel Santos Palazzi e Hilario Gambús, quienes se comprometieron formalmente arbitrar los fondos necesarios para llevar a cabo la construcción del Teatro.
            Dalla Costa, además de dicha Junta presidida por él para hacer realidad el Teatro o Coliseo como se le llamaba también, designó otras para el empedrado de las calles y construcción del Hospital La Cruz transformado finalmente en El Capitolio o cuartel de la Plaza Miranda.
            El Teatro Bolívar, construido en la parte más alta del cerro El Vigía,  fue inaugurado el 5 de marzo de 1883 y le tocó al doctor Ramón Isidro Montes pronunciar el discurso alusivo. Entonces, entre otras cosas dijo: “Señores, el edificio que inauguramos no es sino el templo de la música. Así como es necesario erigir altares para rendir en ellos el culto al dios verdadero, tal como se impone a la razón humana por medio de la revelación, así también es necesario erigir templos para rendir culto a ese mismo dios en una de sus manifestaciones que es bien de lo bello. No sólo de pan vive el pobre. El sentimiento de lo bello es un verdadero pasto espiritual, es pan del alma”.
            La construcción del Teatro Bolívar en la cual se empeñó el químico José Félix Armas, fue realmente lenta y posible gracias a los esfuerzos persistentes de una Junta que él presidía.  Se estrenó con una velada artístico-literaria que luego se hizo frecuente a beneficio de otras sociales. Las trouppe que llegaban del exterior a presentarse en el Teatro Municipal de Caracas solían pasar por Ciudad Bolívar.



Teatro Bolívar  reconstruido por el Presidente del Estado, Marcelino Torres García 1915-1921

En Palacio Legislativo devino el antiguo Teatro Bolívar inaugurado en 1883 en la parte más elevada del casco urbano.  El actual edificio data de 1943, diseñado y construido para una Biblioteca Auditorio inaugurada por el Gobernador Mario Briceño Iragorri el 5 de mayo de ese año, sobre el mismo terreno que ocupó el Teatro Bolívar demolido en 1936. La Biblioteca auditorio ostentó dos nombres: el de J. M. Agosto Méndez y el de Simón Rodríguez. Sus funciones como tal concluyeron en los años sesenta cuando fue transformado en sede del Poder Legislativo que venía funcionando, primero en la planta baja de la antigua Casa de la Real Hacienda y después en la Casa del Congreso de Angostura.                         


El Teatro que nunca pudo concluir el Gobernador Alberto Palazzi

Aunque el teatro hace tiempo que se salió de sus tradi­cionales confines y ahora las obras pueden escenificarse en calle abierta o en cualquier lugar donde la comunicación entre el actor y el espectador sea lo más horizontal posible, Ciudad Bolívar sigue añorando su Teatro Bolívar que per­dió un día de los años 20.
El Teatro Bolívar, resquebrajado por la escasa consistencia del material con el cual fue construido, tuvo que ser demolido, pero bajo la promesa oficial de uno nuevo en el mismo lugar que más tarde cubriría el Gobernador Mario Briceño Iragorri con el desaparecido Auditorio Simón Rodrí guez, transformado finalmente en Palacio Legislativo.
Como se ve, la promesa de un nuevo Teatro quedó en suspenso hasta que el Gobernador Alberto Palazzi decidió incluirlo en un complejo cultural o Palacio de las Artes en el que invirtió 50 o 70-millones de bolívares, pero que no pudo concluir por haber sido reemplazado en 1982 por Alci­des Sánchez Negrón.. Luego a este le siguieron como go­bernantes, Paúl Von Buren, Edgar Vallée Vallée, Luis Felipe Goubat, Omar González Moreno, Andrés Velásquez, Jorge Carvajal, Rojas Suárez y Francisco Rangel Gómez, ya por tres períodos. A ninguno de ellos les ha importado ni les importa el Complejo Cultural cuyos bases y columnas asedian la desidia y la intemperie como bien se ve en la gráfica.
En vez de concluirlo, el Gobierno de Velásquez prefirió invertir 120 millones de bolívares para convertir el antiguo Capitolio en un complejo cultural similar, no obstante todas las limitantes que en su oportunidad fueron objeto de una agria y acalorada discusión.
El problema que vemos es que con esos 120 millones de bolívares (de los de antes igual a unos 50 mil dólares) destinados entre España y el Gobierno Regional para el' Capitolio, se hubiera terminado el Palacio de las Artes en el Paseo 5 de. Julio que incluía un Teatro para 1.000 butacas. Escuelas de Artes Escénicas, Escuela de Artes Plásticas, Escuela de Música, Galería de Arte, Cine Club, Cafetín y Sede de la Dirección de Cultura. Sin embargo, privó otro criterio administrativo que sin duda ha resultado altamente costoso, con el agravante de tener que ver cada vez que se pasa por allí,  una obra moderna de alto contraste, aparatosa e inconclusa, anexa al Capitolio, que altera el entorno o contexto urbano  tradicional de la Plaza Miranda.




El Teatro inconcluso del arquitecto caraqueño  Óscar Tenreiro, adosado al Capitolio

• El proyecto de un edificio para Teatro en el Casco Históri­co de Ciudad Bolívar no es el primero que se le encomien­da al arquitecto Oscar Tenreiro. Hay otro del mismo corte en Caracas que no ha podido realizar en siete años por ese egocentrismo de la monumentalidad para trascender que domina a ciertos profesionales.
El Centro Simón Bolívar encomendó al mencionado ar­quitecto un edificio para el Teatro del Oeste, creemos que en 1986 y a esta altura el Teatro está allí, a media asta, co­mo está el Centro de las Artes de Ciudad Bolívar, Qué ha pasado? Simplemente que la otra es muy monumental, tan monumental que rebasa la capacidad presupuestaria del Centro, por lo que en tres ocasiones ha habido que refor­mular el proyecto.
El proyecto de Teatro de Tenreiro es muy exigente y de una complejidad que implia recursos económicos que el Centro Simón Bolívar no tiene. Además no está enfocado sobre los nuevos rumbos del teatro contemporáneo que es de calle.
El último Festival Internacional de Teatro que tuvo a Ve­nezuela como escenario, destacó mucho el teatro francés escenificado en la calle. La nueva Escuela del teatro está asumiendo un perfil de Compañía capaz de hacer des­collar sus obras en el escenario urbano o espacios abiertos en un contacto más directo con el hombre. De allí que el nuevo teatro va en esa dirección y ello debe tomarse en cuenta al diseñar un teatro en estos tiempos que es lo que no se ve en el proyecto que el Gobierno Regional le ha en­cargado a Tenreiro, ni tampoco tomó en cuenta su apa­rente fracaso en esta materia en Caracas.
Evidentemente que en cierta forma el Teatro del Oeste que Tenreiro no ha podido en siete años culminar en Cara­cas, quiere reponerlo en el escenario del Casco Histórico de Ciudad Bolívar. El mismo concepto ensayado en otro escenario. De manera que para ese segundo proyecto no debió trabajar mucho porque ya todo lo tenía descifrado; sin embargo, Cuánto nos ha costado? Cuántos millones le cuesta al Fisco, a los bolivarenses ese proyecto en un sitio que no es el apropiado? Hay derecho que estemos enfrascado en una situación tan bochornosa donde el Gobierno echa mano de todos los recursos para compla­cer a unos arquitectos de la burguesía caraqueña? Por qué como exige la Junta Nacional del Patrimonio Históri­co no construyen el Teatro en otro sitio si es que de veras el Gobierno cree justo disponer varios millones de nuestro presupuesto para construir un Teatro de siete pi­sos?

           (Escrito por Américo Fernández el 25 /08/92 como editorial de El Expreso)








La Ciudad Perdida

Era algo así como la bíblica Sodoma y Gomorra donde no había más de diez mujeres decorosas, mandado a destruir por el magistrado Medina Angarita para levantar sobre los escombros dejados por las inundaciones del Orinoco  un grupo escolar y de formación donde la moral y las luces rescataron el rostro de la vergüenza.

domingo, 28 de septiembre de 2014

El Suspiro


Era la parte más elevada del casco urbano, a la altura del antiguo Teatro Bolívar y la Plaza Miranda, cuando el viandante tras dominar la cuesta, hacía una pausa breve y luego aspiraba la humedad de la Caja de agua montada en el antiguo Polvorín Santa Bárbara.

sábado, 27 de septiembre de 2014

El Quepis


El quepis era una gorra cónica característica del batallón 21 de Diciembre que comandaba en el cuartel El Capitolio el general Juan Fernández Amparam y que los vecinos del barrio El Zanjón solían ver tiradas en un conjunto de viviendas  donde la vida parecía ser fácil con sólo abrir las piernas.

viernes, 26 de septiembre de 2014

El Puente Gómez

En septiembre de 1909, el Consejo Municipal, presidido por el Dr. J. M. Agosto Méndez, autoriza a Guillermo Lange para construir un puente de hierro que hasta 1915 los bolivarenses conocieron como puente Lange. Este fue sustituido en 1915 por el punte Gómez construido por el gobierno del general Marcelino Torres Garcías (en la foto). En 1959 este puente estaba en muy malas condiciones y fue reconstruido por el gobierno del Dr. Diego Heredia Hernández.